domingo, 6 de mayo de 2012

El Trono del Diablo


Sentado al pie del Trono del Diablo
observo la vida que me rodea, 
el abismo que tan bien me conoce, 
las tinieblas que son mi esencia 
y de las que hablo en noches como esta.
Escucho como susurra en mi oído, 
recordándome todo aquello que he vivido…
Me guía, 
con sus sabias palabras desafía 
a la razón y me aconseja 
cual debería ser el siguiente paso en esta, 
mi oscura senda.
Sentado al pie del Trono del Diablo 
mi mirada se pierde en la lejanía del horizonte,
hacia la frontera 
entre los mundos 
que conforman mi lóbrega celda.
Percibo,  más allá de mi cordura, su presencia 
danzando en los bordes de mi percepción, 
esquiva, etérea, 
irreal, fantasmagórica, perversa, 
sabia, eterna…
Me devuelve la mirada, 
sus ojos atraviesan mis ropajes tejidos de tinieblas, 
sus palabras mi alma laceran, 
despertándola del sopor 
en el que tristemente se encuentra.
Sentado al pie del Trono del Diablo 
mi voluntad se despereza, 
un lustro ya, suficiente condena, 
es hora de caminar, recorrer mi senda, 
brindar bajo la luna llena.
Sus palabras siempre estarán en mi, 
mis demonios me las recordaran sin tregua, 
dejaré que dancen libres, 
que me acompañen, que me envuelvan en tinieblas, 
pues esta, al fin y al cabo, es mi esencia.