jueves, 4 de agosto de 2011

Una noche como esta...

Una noche como esta me pregunto muchas cosas…me pregunto porque me siento así, porque siento que estoy desperdiciando mi vida, además de porque es verdad…veo pasar los días, las noches, las semanas, los meses…y mi vida esta estancada. Siento que me falta algo, una pieza de este puzzle que soy yo. Y hace no mucho pensé que no era eso lo que fallaba, que simplemente era yo, que me había convertido en un muerto en vida, incapaz de volver a sentir otra cosa que no fuese apatía, tristeza, melancolía…pero no. Sigue estando vivo lo que me ha llevado hasta aquí, mi corazón. Herido, mutilado, ya cicatrizado…pero vivo…

Como a mi, le cuesta levantarse cuando cae, que es mas veces de las que le gustaría, pero se acaba levantando, para seguir caminando, buscando esa senda, ese camino entre las estrellas. Y quizás sea eso lo que necesito, la pieza que me falta…un camino que seguir, porque siento que estoy en un punto muerto…en una intersección, y que he de elegir una dirección para seguir, pero no se cual…y así llevo quizás demasiado tiempo.

Y tengo gente a mi alrededor que me indica cual debería seguir, ya sea porque así lo creen, porque lo han leído en algún sitio, porque lo han vivido…pero como otras tantas cosas en la vida, no hay una verdad absoluta en nada, y lo que a unos les llevo a caminar hacia una dirección determinada, a otros los llevaría en el camino equivocado, porque cada vida es única, y la ha de vivir cada cual. No puedo vivir la vida de los demás, no puedo hacer lo que a uno le fue bien, porque ese no soy yo…yo he de vivir mi vida, tomar mis decisiones, cometer mis errores, acertar… ¿Y porque no lo haces?

La pregunta es lógica. Si sabes lo que tienes que hacer, hazlo. ¿A que estas esperando…? Espero la pieza del puzzle. Esa persona que me acompañe a caminar, que me haga salir de este cruce de caminos. ¿Necesitas a alguien para ser feliz?, esa es la pregunta que me han hecho muchas veces, con esa coletilla de que se puede ser feliz estando solo…normalmente dicha por personas que, con toda la buena voluntad del mundo, y que agradezco enormemente, no están solas…Pues si, necesito saber que hay alguien ahí. Quizás sea un idiota de esos que cree en que las mejores cosas son las que se comparten, pero soy así. No estoy hecho para la soledad, aunque me encierre en mi muchas veces. Me gusta sentir la presencia de la gente cerca de mi, saber que tengo a alguien que esta ahí, que conozca mis pensamientos, mis sueños, mis locuras…

¿Alguien en especial? ¿Te vale cualquiera entonces?...No, eso lo tengo claro. De eso me di cuenta hace relativamente poco tiempo. Ha de ser alguien que me devuelva la ilusión, no me vale cualquiera. Ha de ser alguien que despierte en mi las ganas de volver a entregar mi corazón, mis secretos, mi confianza. Alguien que valga la pena amar. Y sobre todo, alguien que me de su mano, y no me suelte al caminar…

Y se que existe. Se que esta ahí fuera, quizás mas cerca de lo que yo creo, quizás hable con ella de vez en cuando, o quizás no nos hayamos cruzado aun…lo que tengo claro es que esta ahí, y que tarde o temprano aparecerá para guiarme y seguir camino. La Vida, el Azar, el Destino…llámalo como quieras, pero la traerá a mi, o me llevara a ella, porque siempre ha sido así, surgiendo de la nada…y quizás sea una noche como esta…

domingo, 24 de julio de 2011

Ocho años

Ocho años han pasado desde
que por primera vez te besé,
ocho años ya entregándolo todo por ti,
haciéndote saber que siempre estaré a tu lado,
tu, que nunca me has fallado,
tu, que todo me lo has dado...
Ahora se que mi vida estará ligada a ti por siempre,
cumpliré gustoso el juramento
que te hice aquella soleada mañana de verano,
hace ya ocho años...
Y sin miedo diré a todos que te amo,
y recordare todo lo pasado a tu lado,
todo lo que atrás por ti he dejado,
los buenos y malos momentos,
el frío, el sueño, la soledad, el sufrimiento...
Hoy, en soledad, renuevo ese juramento
con una frase grabada en mi recuerdo
que aun me eriza el vello...
¡ A España!...Servir
hasta morir.

lunes, 18 de julio de 2011

Promesa

Me lanzaré a cabalgar por el arco iris,
solo aférrate a mi para que no me vea solo...
Me liberaré de mis ataduras,
solo prométeme que me ayudaras a quitarme esta venda...
Quiero ayudarte a levantar,
mientras me mantienes en pie...
Quiero volver a amar,
sintiéndome amado...
Deseo poderte abrazar,
mientras siento tu cabeza en mi pecho...
Sueño con sentir la brisa de la mar,
sentado en esa playa, a tu lado...
Solo guíame por esta senda
que quiero caminar,
y yo te mostrare mi camino
enseñándote por donde pisar
porque no te quiero fallar,
no quiero volverme a equivocar...
Por eso te doy mi palabra
de liberarme de mis cadenas,
de mis miedos y temores,
quiero a tu lado cabalgar,
reír, vivir, soñar, amar...
Solo te pido que confíes en mi
tanto como quiero confiar en ti.
Me lanzaré...
Me liberaré...

miércoles, 18 de mayo de 2011

No se como decirte

No se como decirte tantas cosas...
No se como decirte que me importas, que verte mal me hace sentir mal, que ilusionarte es mi anhelo, que abrazarte es lo que ahora más quiero, que robarte una sonrisa me daría la vida...
No se como decirte que te has calado en mis adentros, aunque siempre, desde el primer día que te vi, estuviste ahí...
No se como decirte que me encantaría secar tus lagrimas, insuflar de vida ese corazón maltrecho...
No se como decirte que me da miedo acercarme y que te alejes, que alces el vuelo y te pierda...
No se como decirte que mi mano está tendida y que, si la sujetas, no te soltare...
No se como decirte que confíes en mi, que estás en mis sueños, en mis desvelos...
No se como decirte que no me importa tu pasado, solo tu presente para hacerte ver que hay un futuro si tu quieres...
No se como decirte que quiero caminar a tu lado, ayudándote a superar los obstáculos...
No se como decirte que quiero hacer que vuelvas a soñar...
No se como decirte todo esto...

El parque

Otra tarde más llego al mismo banco de madera, ese donde nos sentábamos y reíamos, en nuestro parque...Otra tarde más espero que vengas, aunque internamente se que no sera así, pero aún tengo esperanzas...Esperanza, curiosa paradoja, tu nombre me da la vida...esa que nos hace soñar, ser felices...y sufrir amargamente...

Y pensamos ¿pero cómo pude pensar que iba a ocurrir algo así?, o cosas por el estilo...sencillo, somos humanos y soñamos, anhelamos, creemos en los imposibles...

Pero hoy como ayer toca sufrir. Lo primero que me viene a la mente cuando me siento en el banco, es que no, que hoy será diferente, que hoy todo va a cambiar...pero las horas pasan, el día muere... y solo es otro día en el que me faltas, otro día en el que tu ausencia se hace más y más patente. Y la esperanza que alberga mi corazón se cristaliza, y se me clava en lo mas hondo...

Hace mucho que me dije que no volvería a llorar por esto. Han sido muchas las lagrimas derramadas durante la noche, y no sirven de nada...no más... Lloraré de alegría cuando vuelva a ver tu rostro, porque se que así sera. Además, sabes bien que he de ser el fuerte, el que dé sostén a los que me rodean, como te lo daba a ti cuando lo necesitabas. Siempre he sido así, y así quiero seguir siendo.

Y me dan igual los días, las semanas, los meses, los años...siempre estaré aquí, esperándote, con esa esperanza...volver a verte, abrazarte con tanta fuerza que jamás te vuelvas a alejar de mi, besarte, que me ilumines con esa sonrisa angelical, sentirte viva entre mis brazos...viva...porque se que lo estas, por eso rezamos todos cada día...tus hermanos, tu madre, tus abuelos...y yo.

Ojalá hubiese estado más atento aquella tarde...Me muero al pensar que fue un error mio. Un error que jamas, jamás me perdonaré...

Ya es de noche, las farolas iluminan el parque vació. Me levanto y vuelvo a casa, siguiendo el mismo recorrido que hacíamos todas las tardes cogidos de la mano. Pero esta noche mi mano solo aferra el vació, y mi sonrisa se ha ido contigo, desaparecida de mi faz.

Mañana volveré. Volveré a sentarme en ese banco, y volveré a esperar que aparezcas corriendo entre los columpios mientras te ríes a carcajadas...

Siempre, siempre, siempre estaré. Hasta que te encontremos...
Te debo eso y más hija mía. Eso y más...

Luz en la Oscuridad

No se cuantas millas he cabalgado. Me siento débil, son demasiadas las heridas que he recibido...y se que voy a morir. Mis hermanos de armas han caído. Solo quedamos mi montura y yo...Y apenas puedo mantenerme erguido.

Me dejo caer sobre su cuello. Se que también está herido, pero se que no me dejará morir. Ese lazo especial que nos une, ese lazo mágico, es demasiado fuerte para que se rinda y me deje fallecer en estas tierras. Yo haría lo mismo por el, porque el juramento es entre dos, por eso sé que puedo confiar en mi caballo.

Cierro los ojos, intento descansar, pero revivo las imágenes de hace unas horas. Fuimos demasiado lejos. No teníamos que habernos adentrado en ese bosque. Los Jinetes de Rohan combatimos en campo abierto...Fue un fallo que han pagado muchos. Las flechas orcas salieron de la espesura. No los vimos llegar...Pero ya es tarde, mis hermanos han muerto y yo vago moribundo, esperando encontrar alguien a quien poder contar lo sucedido. Mis hermanos se merecen un funeral digno de lo que son, no el yacer en ese bosque...

Comienzo a sentir la calidez del sol. Amanece. Consigo abrir los ojos...pero estoy desorientado. No vamos al sur, no volvemos a Rohan. Mi fiel compañero se ha desviado. Se que hace lo posible...Me siento caer. Oscuridad. Silencio. Frió. Muerte.

Hierba mojada. Tierra húmeda. Aire frió y limpio. Eso es lo primero que percibo, esas esencias inundan mis pulmones. Duele. Pero me siento vivo. Intento abrir los ojos. Apenas puedo, el sol me ciega. Giro la cabeza y la veo. Está sentada a mi lado, observándome.

Intento hablar, pero me silencia con un dedo. Mi vista comienza a adaptarse a la claridad y sus rasgos comienzan a definirse. Sus ojos castaños. Su cabello rubio, iluminado por el sol. Su mirada. Su piel...Dudo seguir vivo. Cierro los ojos y me dejo morir.

Su voz llega a mis oídos, misteriosa. Habla en su lengua, una melodía para nosotros los mortales. Siento que acaricia mi rostro. Duermo.

Despierto. Las estrellas iluminan la noche. Me siento vivo. Me intento incorporar y, aunque aún duelen las heridas, lo consigo. Miro a mi alrededor. Localizo a mi fiel amigo pastando cerca. Me mira. Me oriento. Estamos al pie del bosque de Lorien. Fuimos demasiado al norte...Ella no está, se ha ido. Cierro los ojos y aún puedo evocar su rostro. Siento una punzada en mi corazón...

Monto en mi caballo. Vuelvo al camino, hacia el sur, hacia La Marca, no olvido a mis hermanos, pero tampoco a mi salvadora, a la que me devolvió la vida.

Levanto la vista hacia el cielo estrellado. Galopo hacia mi hogar, guiándome por las estrellas que me recuerdan a ella, porque al fin y al cabo, ella lo ha sido para mi.

Luz en la oscuridad...

Una luz

Y él que vivía sin imaginar
que las tinieblas podría abandonar...
y en un momento sin esperarlo
se encuentra con un faro,
que su oscura senda ilumina,
que ahora le sirve de guía...
Se despierta el centauro,
ve la luz que solo había soñado
y con brío galopa raudo.
Y no esta loco...es osado,
con otros imposibles se ha enfrentado.
Ha caído, y se ha levantado,
se ha perdido, y también ha llegado,
y por muy largo que sea el camino,
por mucho que tarde en llegar,
caminará, hasta llegar a su destino,
hasta saber si sigue por esta senda
solo , o con ese hada a su lado...

Heridas

Ante todos me presento
firme, sin miedo,
mostrándoos lo que albergo...
El que quiera ver monstruos,
¡que los vea!,
el que quiera ver un ángel,
¡que así sea!,
el que quiera ver como soy
que cuide todo lo que doy.
Es duro vagar por un desierto
anhelando solo un sorbo de agua,
limpia, cristalina, clara...
sin buscar más nada
y encontrar sequedad, humedad fatua...
es el peligro que corres por ser sincero.

La rosa pisoteada

Está tirada en el suelo, pisoteada por todos aquellos que han pasado sin reparar en ella. Y es algo que nunca entenderé, ¿porque se desprecia la flor que ya no te gusta, que no te llena?¿No es mejor dejarla en algún sitio, al alcance de cualquier otra persona, a la que pueda seguir atrayendo mientras aún exista? Pero es verdad que el ser humano es así, que cuando tiene algo y deja de gustarle lo rompe, lo tira, sin pensar que, en este mundo, hay gente que desearía tener eso que para él ya no es nada.

Y esta rosa aún es bella, aunque esté en el suelo destrozada. Aún posee su aroma, esa esencia que hizo que él se fijase en ella hace tiempo. Me arrodillo a su lado, con cuidado la tomo y recojo todos sus pétalos, su tallo. Intento no dejar nada de ella en el frió pavimento. No se lo merece. Seguro que ha dado más de lo que ha recibido. Merece ser recordada en todo su esplendor, no en esta situación.

Me hubiese podido evitar ese momento en el que fue desechada de esta manera. Pero eso no está en mi mano. A veces desearía tanto ser humano. Cuando rozo su piel renace, se yergue y me mira con esos ojos que son un océano. Los morados, la sangre, el dolor, la humillación,... todo se desvanece. 

Me sonríe y recuerdo porque me alegro tantas veces de ser un ángel. Despliego mis alas y, abrazados, nos elevamos de vuelta a mi hogar, que ahora también será el suyo. Siento como se abraza a mi, como si fuese el único abrazo desinteresado que ha recibido. Huelo su cabello. Miro sus ojos. Sonrió, la tranquilizo con un beso en la frente. Todo saldrá bien Rosa, lejos de ese malnacido.

Dulcinea

Vuelvo a sentirme vivo,
eufórico, inspirado,
anhelante, tranquilo,
deseoso de recuperar lo olvidado...
Y es que no esperaba encontrar a mi Dulcinea,
aquella ante la que arrodillarme,
a la que mi alma desnudarle...
pero no eres real, eres quimera,
¡pero me da igual!, me contento con evocarte.
No es su belleza, es su sonrisa
que es de ángel, que da la vida.
No es solo su mirada, es su melena
que cambia del verano a la primavera.
Y apenas sé de ella,
ni siquiera la he visto,
ni su voz he oído,
no se cual es su esencia,
si es azahar o agua fresca
solo se, que es mi Dulcinea...,
a la que únicamente he vislumbrado
en momentos de ensueño
a las puertas del reino de Morfeo,
en esta vida que es para mi un sueño...
Esa idílica dama
por la que volver a sentir en mis venas
que no hay muerte, que tengo alma,
que hace que de mi surjan palabras.
Dirán que es sueño, imaginación...,
así es, pero aquí, en mi habitación
es la razón de mi sinrazón...
a la que compongo estos versos
que ojala captasen su atención...
Prefiero vivir así, en esta locura
que en la realidad y, si he de ser sincero,
por eso creo que los poetas necesitamos a una musa
por la que sintamos que ella es lo primero.
Y daría mi alma
por encontrarla,
por una mirada,
por esbozar una sonrisa
en su faz, por el Divino creada.
Pero eso son locuras,
sueños, ideas vagas
que surgen de las brumas
de la imaginación,
que es la que mueve el alma,
la que nos da la motivación.
Con estos versos
lo único que pretendo
es escribir algo que te guste,
que te haga sentir el centro,
por eso, mi dama, no te preocupes...
Loco soy, escribiendo a una quimera,
¡reíros de mi!, ¡burlaos...!
pero en mi retina aún esta grabado
el rostro de mi Dulcinea.

Luna

Vislumbro en esta noche a esa compañera
a la que siento lejana, y a la vez cerca,
a la que más de una vez he observado,
a la que mis miedos he confesado,
a Selene, la Dama Plateada, la Luna llena...
y observándola entiendo sus ideas,
sus sueños,
sus anhelos...
también necesita sentirse princesa
de este cuento que es la vida...
ama a su compañero, el Sol,
aunque a su lado hay mil estrellas
que conforman una corte digna,
propia de ella,
de la Dama Argéntea.

Nada le apartara de su senda,
aunque a veces noches desaparezca
para pensar, para imaginar,
para renacer, como Luna nueva...
pero esto va dedicado, no a la Luna negra,
si no a aquella capaz de iluminar mi camino
en la oscuridad, a la Luna llena,
mi Sol tras noches de tristezas...
y he soñado con caminar a su lado
sentirme vivo, por su toque agraciado,
pues le debo mi vida, mi sino,
mi cordura, reencontrar esta senda,
fue un empujón más en este renacer como poeta...
Luna que escondes secretos,
gracias por desvelarme mis propios misterios...

Gustoso cedería mi esencia
para transformarme en pegaso,
llevarla en volandas y que cumpliese sus sueños,
¡que no sintiese el calor del Sol solo en el ocaso!,
¡que su caminar nocturno fuese alegría...!
no esta triste y dulce melancolía...
pero ella es inalcanzable,
cercana, y a la vez distante...
¡vendería mi alma condenada
por ser Dios por un instante!,
reescribir el mundo, detener el Sol,
juntar a los amantes...
pero en mi mano solo está escribir
palabras que van en esa senda
la que ilumina la Luna, que guía a este poeta.

Renacer

Renacer no es fácil, es algo al alcance de todos, pero para ello, antes has de morir...
Y tras una década sin desempolvar mis artes,
hoy me dispongo a volver,
intentando ser lo mas parecido al de antes.
Tantas cosas han pasado
a lo largo de estos diez años...
Me uní a esa religión de hombres honrados
que ensalzaba el poeta castellano,
he sufrido,
he disfrutado,
he vivido,
he madurado...
he vuelto a pasear por Andalucía,
he conocido lugares que
ni en sueños creí que existían.
Me he reencontrado con un amor pasado...
grandes amigos he encontrado
y con muchos otros me he enfrentado,
he descubierto cosas que de mi desconocía,
miré en mi alma
y encontré el porque de mi valentía.
Y es que, en verdad soy Quijote,
siempre luchando por causas perdidas...
aunque con Don Juan me han comparado,
algo con lo que me hiciste sentir alagado,
pero no me gusta ese Don Juan que roba corazones,
soy más de aquel, del Romanticismo,
capaz de desafiar al Santísimo.
Y es que he vivido en el Cielo,
antes de volver a vagar por los Infiernos...
y en esa profunda oscuridad
descubrí un nuevo Sol que me devolvió a la vida
con su sonrisa esquiva,
con su sincera amistad.
Ya sabes que para mi
tiene un nuevo significado la Navidad...
Pero continué con mi avance
y seguía renunciando a mi arte...
En esos días comencé a vislumbrar
que lo que de verdad me llena es ayudar...
y podrá sonar creído
pero siempre así he sido...
Y el que no me crea,
que me llame falso
yo, le seguiré ayudando
hasta que ver pueda
que mi rostro
no lo oculta ninguna careta.
Claro que he cometido fallos
que jamas me perdonaré,
graves errores con los que hice daño
y con los que mi vida desgarré...
Pero han de entender que soy persona,
intenté ser más que eso
pero Atlas era titán
yo de el, triste sombra...
Pero todo eso es pasado,
vivido, pero nunca olvidado,
pues así siempre recordaré
en qué y por qué he fallado...
Ahora lo veo todo de otra manera,
me he reencontrado con mis armas,
con mi reino... vuelvo a ser poeta.
Y como digo, me siento renacido,
me siento cómodo en la penumbra,
con el Sol en su frió ocaso
y muy cerca de la argenta Luna.
Y en esos días no había pensado
que esto no es nuevo, que siempre así he sido,
por eso reniego de lo Clásico
y me siento mas cerca de lo Romántico...
Y al que esto no agrade
que continúe su camino,
que no me tenga como amigo,
que no habrá rencor que guarde.
Solo escribo esto
para anunciar que he vuelto,
que ha renacido
el Tejedor de Sueños...
Que vuelve al camino
el Ángel Negro.

Leyenda Sevillana

En la cripta el solo habita, en la cripta donde su amor yace, fría, pálida como la luz de la luna llena, muerta como su alma.

Solo desea morir, morir para estar con ella en el Más Allá, morir para no vivir en la miseria. En silencio observa su cuerpo, tendido ante el, la belleza de la muerte, la belleza que atrapo su corazón. Siente pena, odio, cólera, furia, desea sentir el frió halo de la muerte apoderarse de su corazón, que el gélido toque de la encapuchada le atraviese y enfrié su amor.

El silencio es su único compañero. Sus pensamientos vagan en los recuerdos de su juventud, cuando conoció a este ángel de Dios, este ángel que ahora ha sido arrancado vilmente del mundo por su creador. El odio se convierte en palabras..."¡Yo te maldigo, Dios de los Hombres!¿Eres tu el Padre Misericordioso del que hablan?¿Que padre puede acabar con la vida de alguien como ella?¿Que padre puede sumir en esta desgracia a su hijo? Al menos concédeme la muerte, quiero morir...¡Quiero volver a verla...!"

La luna ilumina su figura oculta bajo la capa. El hombre abandona la cripta, ningún ser vivo hace ruido esa noche. Por las calles sevillanas, solo el sonido de sus pisadas y el entrechocar de su espada toledana, rompen el lóbrego silencio de la noche estrellada. Va en busca de la muerte, va a entregar su alma, va a retar al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo.

En la catedral entra y al altar mayor se dirige. En la nave le observan los santos, desde las alturas donde descansan. El Cristo crucificado, piadoso le mira. "¡Señor, aquí estoy para morir, para reunirme con mi amada!" Nadie contesta, solo el eco de su voz desesperada. Lágrimas brotan de sus ojos y por sus mejillas resbalan, hinca al suelo su rodilla y la cara con las manos se tapa. "¡Solo con ella quiero estar...! Solo con ella que su corazón me entregaba...¡Te la llevaste en la flor de la vida!¡Nunca le diste nada!...¡Reniego de ti, Padre! ¡Reniego de mi alma! ¡Deseo bajar a los Infiernos! ¡Reto aquí a los muertos! ¡Demonios y seres de la noche, venid para llevarme a vuestra morada...! Pues en el cielo no podría estar con ella, sin besarla, sin tocarla...la quiero volver a sentir entre mis brazos, la quiero con toda mi alma. Yo le di mi palabra, solo tu Ana, solo tú, belleza andaluza, nadie mas oirá estas palabras...¡Pero ahora está muerta! ¡Ahora yace fría y sola en la cripta! ¡Tú, maldito Dios! ¡Tú, demonio de dos caras! ¡Tú la mataste! ¡Tú te la llevaste!"

Las velas son mudo testigo de su infamia. Entre sollozos se levanta y del Cristo se aleja. Ahora sabe que en el mundo solo estará, sin alma, con el doloroso recuerdo de su joven amada, con el doloroso recuerdo de un ángel de Dios, al que un día conoció, al que un día amó. Por las calles de Sevilla se pierde, ocultándose en las sombras, al puente se dirige. El sol no volverá a tocar su cara.

En la catedral sevillana un susurrante sollozo se escucha, el Cristo derrama sus lágrimas. Un hijo ha perdido esta madrugada.

Sin titulo

El hombre que sabe amar
no puede solo vivir,
sin la flor del porvenir
que perfume su hogar.
Si no se suele encontrar
se vacia la mirada,
y a veces es deseada
hasta la propia muerte,
pues la vida se convierte
en polvo, ceniza y nada.

El Cristo de los Gitanos

El cielo estaba coronado con luna llena, las estrellas, como lágrimas, brillaban ante el paso sagrado. Escoltado por tambores y cornetas procesionaba el Cristo de los Gitanos.

El frió de la noche se mezclaba con el calor de los corazones, que se estremecían ante el fervor de todo un pueblo, el gitano.

Fué bajo esta luna y ante el Cristo donde los dos corazones se encontraron, para sellar, sin saberlo, un destino marcado, ella era paya, el, un ferviente gitano.

Durante toda la noche los dos amantes por la ciudad andaluza vagaron, hablando, conociéndose, poco a poco enamorándose... Cada minuto les acercaba al alba, por cada palabra, la noche avanzaba, y al amanecer tendrían que volver. Tal vez, nunca más se volverían a ver...

Sus pasos les llevaron a la playa, allí se sentaron, ante el inmenso mar Mediterráneo, para ver morir la noche, para los últimos minutos en paz disfrutar. El tiernamente la abrazaba, sin quererla perder. Ella, en silencio rezaba, por volverle a ver.

Pero como todo amor se vió puesto a prueba, la Muerte, esa noche, cabalgo por la Malagueta.

Su hermano los encontró, ella abrazada a un maldito gitano. Sorprendidos, los amantes se separaron. El payo sacó navaja, no fue menos el gitano, y en la playa pelearon. Uno por odio, otro por amor, el corazón buscaron.

Por un triste llorar la suerte fue echada, por mirar a su amante el corazón del gitano fue atravesado, regando con su sangre la arena malagueña, y el mar Mediterráneo.

El gitano permanecía arrodillado, viendo con rabia que le habían matado. Su amante lloraba abrazada a él, mezclando sus lagrimas con la sangre de su gitano. Entre sollozos le juro amor, más que a cualquier payo, y en un último beso, los amantes su juramento sellaron.

Al ver lo que había hecho, el asesino comprendió, y como un loco por las solitarias calles corrió, llorando, maldiciendo, con el pesar de haber robado una vida, un corazón enamorado.

Su locura le llevó ante un Cristo, se arrodillo orando, implorando el perdón, con las manos aun manchadas de la sangre del gitano.

El alba por Almería ya despuntaba y en la playa una vida se apagaba, los amantes susurraban, como si nada pasara. Y en una iglesia un payo confesaba, y recibía el perdón ante un gitano, que sus lagrimas derramaba por haber perdido a un hermano.

Ante el Cristo de los Gitanos encontraron al infeliz payo, que a la Guardia Civil fue entregado para, sin rencor alguno su pena cumplir. Había cometido el más brutal de los asesinatos, había matado a un hermano solo por haberse enamorado.

Y así acaba otro triste capítulo protagonizado por payos y gitanos.

Angel

Despierto en la noche, dejando a un lado mis sueños, mis miedos, y camino por entre las sombras viendo a los que duermen soñar. Y me siento bajo las estrellas, mirando a ese cielo claro que se alza sobre las montañas. Y despierto, sueño con poder volar, la fragancia de la noche me envuelve, y me siento flotar. Y con la luna a mis espaldas llego a mi destino, a los pies de tu cama.

Te veo dormir, con esa sonrisa de ángel terrenal. Y deseo entrar en tus sueños, conocer tus miedos y tus anhelos, mas me conformo con acurrucarme entre las sombras como alma en pena, y velar por ti.

La luna inunda tu habitación, y hace de ti la más bella de las estrellas. En sueños te inquietas, sientes miedo y te desvelas. Miras sin verme y vuelves a sus brazos ya tranquila, y te sumerges en su reino, en los dominios del Señor de los Sueños.

El alba llega y mi sueño acaba. Me acerco a ti y beso tu frente, mientras en susurros te prometo que a tu lado siempre estaré, nunca tengas miedo, pues en las sombras, oculto estará este espectro, aunque tus ojos no puedan verlo.

Leyendas de los Reinos del Dragon - La Venganza

Los primeros rayos del alba iluminaban la pira, sobre ella el cuerpo de Dana, princesa de Eliam, descansaba envuelto en el sudario.

Cientos de antorchas rodeaban el montículo funerario. Lentamente, uno de los entorchados se acercó y, bajando lentamente la tea ardiente, prendió el armazón de madera. Las llamas se expandieron rápidamente ayudadas por el viento que soplaba del norte, de las montañas que habían visto nacer al guerrero que ante la hoguera lloraba.

Con la cabeza gacha, Nathanien, Señor de la Manada del Lobo, lloraba amargamente ante sus hermanos, recordando los años en los que ella, su amada, selló con él el mayor de los juramentos, el de amor eterno.

Encolerizado, desenvainó su espada y, mirando al sol naciente, y con la fuerza de cien hombres, gritó de tal forma que hasta en los confines del mundo se oyó su lamento:

- ¡Que el Hades abra sus entrañas, que los cielos vomiten sangre y fuego, que Cancerbero devore mi cuerpo e impida mi regresar...! ¡Porque si vuelvo a cabalgar mi negro caballo, si mi espada vuelvo a empuñar, no quedará en este mundo ni dios ni hombre que me hiciese llorar, porque mi venganza será guiada por mi rabia y la furia marcará mi caminar!

Sus palabras fueron transportadas por el viento, y hasta los dioses las oyeron. Y empezaron a temer a ese mortal capaz de desafiarles, a ese mortal que, arrodillado ante la pira de la que fuese su amor, su alma encomendaba a Selene y su sangre al gran lobo Fenris.

En silencio la Manada se alejó de la ardiente pira con el sol a sus espaldas. El primero de los jinetes aún tenia el sabor salado de sus lágrimas en el recuerdo. Su pelo, negro como la noche, le azotaba el rostro. En sus ojos solo se veía furia, y si se hubiese podido ver su corazón, latiría con la fuerza de la venganza.

Cuando la Manada entró en el valle el cielo estaba teñido en sangre, y las primeras estrellas ya brillaban en lo alto de las montañas.

Allí donde se había erigido la ciudad de Eliam solo quedaban ya ruinas; aún no se había extinguido el fuego, y el hedor a sangre coagulada y a vísceras les llegaba a los jinetes, haciendo aún más fuerte el deseo de venganza contra aquel ser que había provocado tal matanza.

Con un gesto de su líder, los jinetes se desplegaron en semicírculo, abarcando así gran parte de la semiderruida muralla. Buscaban el rastro de la hidra.

El silencio se hizo dueño y señor del valle. El sol lentamente desapareció y la dama plateada se hizo reina de la bóveda celestial. Su enorme esfera iluminaba a sus hijos y les infundía el valor para la batalla que se avecinaba.

Entonces se rompió el silencio. De entre las cercanas ruinas de un templo, la enorme bestia se elevó, emitiendo un grito capaz de helar la sangre de cualquier hombre.

Sin tiempo para reaccionar diez jinetes se vieron en el suelo, exhalando su último aliento. Ofreciendo su alma a Selene, la Manada se abalanzó contra el Mal enviado por los dioses. En un único aullido de rabia, los jinetes arremetieron contra la hidra y, mientras esta los devoraba, las espadas de los hijos de Selene cercenaban sus cabezas.

La sangre les impregnaba el cuerpo, los caballos tropezaban con los cadáveres de jinetes muertos, la hidra gritaba herida y Nathanien más que nadie, clamaba por la venganza.

Una y otra vez su espada se hundió en el cuerpo de la bestia, desgarrando músculos y tendones hasta lograr reventar su corazón. Entonces la hidra cayo muerta.

La Manada se fundió en un solo grito de victoria, alzando sus armas en honor a la diosa lunar que les había protegido en la batalla.

Y en algún lugar, muy lejos de allí, los dioses se comenzaron a preparar. Un mortal había jurado acabar con ellos, y en poco tiempo, la verdadera batalla iba a comenzar.

El Tejedor de Sueños


Su cuello está ante mi, suave, frágil, frió. Mi mano se cierra entorno a el y atraigo sus labios a mi boca. Nos fundimos en un amargo beso y su lengua de fuego llega hasta mis adentros. Nuestro romance comenzó de jóvenes y mal final me depara, lo se, pero si sus besos son la llave al Infierno...¡haré compañía a Satán hasta el día del Juicio Final...!

Su olor me atrae, su cálida humedad me hace volar, con ella mi oscura vida se borra de mi mente. Esa noche en que sucumbo a su sabor olvido las heridas que llevo en mi corazón, por todo lo vivido, por todo lo sentido.

Esta noche está a mi lado, amante fiel que tengo cuando su precio pago. Tumbado en mi cama veo su cuerpo, su cuello, sus labios...esos labios que esconden el más preciado licor, licor que da lucidez al loco. Ella es la llave a la evasión. Dejo que sus brazos me envuelvan, que sus vapores nublen mi mente...¿Que es el tiempo cuando estoy con ella?

La luna se ríe maliciosa, la veo por la ventana, se ríe porque sabe que ella abre mi mente...Yo soy el vidente, el tejedor de sueños, aquel que ve más allá de lo visible. Y veo los demonios de mi mente que, agazapados en la oscuridad de este cuchitril, se ríen de mi porque me ven caer en sus brazos, en su dulce beso...

El silencio de la noche me habla, la luna me habla, mis demonios me hablan...hablan al vidente, hablan al enloquecido amante que se funde en otro largo beso.

Aquí, al sur del cielo, la vida es dura, hay que ser más listo que el resto, si no, perderás la partida y se abalanzaran sobre ti como buitres en busca de la carroña...

Pero tengo la solución, ella me ha enseñado, ella, mi dulce flor...

La noche es calurosa y las sabanas están húmedas por nuestro sudor. Vivimos demasiado cerca del Infierno...

Ahora hay dos damas en mi cama. Una blanca, la otra negra, pero ambas frías, ambas desnudas, mostrándome su alma. A mi izquierda tumbada y sin licor que darle a mis labios, la blanca, callada, mirándome, manando su perfume que llega hasta mis adentros...A mi derecha la negra, mirándome fijamente. Atraigo su boca hasta mi boca, fundiendonos en un ultimo beso, mientras mi dedo se interna allí donde sé que la hago vibrar...lo acaricio, su olor llega a mi...la luna se ríe, mis demonios se ríen...pero no más...Con decisión llevo mi dedo hasta adentro, haciéndola vivir, haciéndola escupir su plomo que destroza mi cerebro...

Tumbado, así he muerto. Ha muerto el vidente, el tejedor de sueños...

Carta a una amiga

Esa lagrima que cae, en mi pecho se clava,
pues tu dolor es para mi como una daga
que, directa al corazón va lanzada.
Prefiero tu silencio a tu desesperanza,
una sonrisa tuya a cualquier palabra,
tu amistad a mi alma.
Amiga mía, ¿porque tu dolor callas?.
Otros han navegado en esos mares de tinieblas
bregando contra viento y marea,
buscando su isla desierta
donde poder enterrar sus penas.
Pero esos mares ocultan mil peligros,
y para navegar por ellos
hacen falta valientes marinos
a los que puedas llamar amigos.
No me considero marino,
pero si valiente y, también, tu amigo.
He recorrido esos mares, me he sumergido en sus aguas,
he sentido su fuerza cuando las olas sobre ti se abalanzan,
y se lo que es luchar, lo que es llorar sin lagrimas,
intentar reír para todo olvidar.
Por eso mi mano te tiendo,
ofreciéndote mi barco,
mi cuaderno de bitácora
y mi secreto,
porque eres mi amiga
y tu pena volver a ver no quiero.

Desafio

¿Intentar escribir algo que no este teñido de negro, envuelto en oscuridad o húmedo por las lágrimas...?. Lo intentaré, y por eso abandono la letra negra,
que entristece el alma,
y adopto la azul,
que recuerda al cielo limpio
y a la mar salada.
Pero escribo lo que siento, escribo sobre amores perdidos,
sobre el dolor del alma
y la pena que nos embarga.
No se si seré capaz de escribir
sin que mi alma llore
y sin que el dolor me devore,
pero lo intentaré.
¿Sobre que escribir?
¿Que tal sobre un niño?
Un niño con sonrisa de aurora
que juega ante su madre
que sentada, sola,
recuerda el dolor sufrido,
todas las lagrimas derramadas,
todas las noches desveladas,
por criar a su hijo.
Trajo vida al mundo con todo lo que conlleva ser madre, su guía y protectora,
pero con la ilusión
de verle crecer
darle su cariño,
su amor y su pasión.
Y pese a lo que digan
este sacrificio
es la mayor alegría
que en la vida ha tenido.
Podría escribir sobre una flor,
una rosa,
que es para mi
la mas bella de las cosas...
pero lo mio no son las plantas,
son las personas...
oír, aprender, sentir...
¿Que tal de amores?
Pero no de amores frustrados,
imposibles o desgraciados...
Amores de los verdaderos,
de los alegres, de los eternos...
De una pareja de amantes
que por la playa pasean,
hablando de sus cosas,
de las alegrías, de las penas...
Y con el sol bañándose en las aguas
los amantes se sientan en la arena,
y ella en sus brazos se relaja...
Se besan, se sienten,
el le dice que la ama...
El mar baña sus pies,
la espuma salpica a la pareja
y juntos ven el atardecer
tumbados en la arena...
Ya he escrito cosas sin pena,
pero con un ribete de tristeza.
Muchos me han preguntado el porqué
de esta melancolía que mi alma, a veces, alberga.
Y muchas noches me lo he planteado...
¿porque la alegría, a veces en mi escasea?
¡Ya tengo la respuesta!.
Me falta cumplir un sueño,
un deseo,
un anhelo...
¡Pero no dejare que la pena a mi venga!
El sol brilla, su luz nos llena,
olvidemos nuestras tristezas,
disfrutemos de la vida plena.
"Mejor sonreír..." que llorar.
Pero que duro es olvidar,
preguntarte cual es la razón,
y nada encontrar...
¡He dicho que no!
¡No lo pienso estropear!
¿Pero como no hacerlo?
Si para mi la poesía es un lamento...
un sin lagrimas llorar...
Espero algún día,
que los sueños
que convierto en poesía
pueda cumplir
y así poder, tranquilo,
dar gracias a la vida
y que no queden
solo en poesía...
Pero no se,
el negro esta en mi nombre,
y aunque quiera reír,
olvidar las penas y vivir...
me cuesta...
Me cuesta olvidar
lo que me ha hecho así...

Ultimas palabras de un loco

Oigo las vagas palabras de un loco, que con fe y con amor dice "te quiero" en este mundo donde solo importa el dinero.

El loco, mendigo en las calles, mira a su alrededor con lágrimas despertando en sus ojos, no comprende que pasa, cree estar aún viviendo en su pequeño pueblo, pero no encuentra a su mujer, "se esconde", piensa, "tal vez se enfadó por su broma". Sonríe y corre de un lado a otro. "Maria, te quiero, sal mujer, que te quiero".

La gente le mira y le ignora, algunos se ríen del pobre viejo, que loco divaga, otros creen que el vino corre por sus venas, a todos molesta su presencia.

Cae la noche y las calles se vacían, solo la nieve hace compañía al viejo. Al lado de una farola el loco se da cuenta de que esta solo, no encuentra a su mujer, este no es su pueblo. Amargamente comienza a llorar, la cordura vuelve a su mente, se acurruca en un banco, el frió comienza a calar. Solo, el pobre viejo llora, le han condenado a vivir así, en la mendicidad. Como un niño gime y se frota los ojos, "Maria, ¿donde estas?". Sus ultimas palabras, entre el tiritar son para su mujer, "Maria, Feliz Navidad".

Dolor de una madre

Miro a la mujer que de rodillas llora, abrazando el cadáver de su hijo amado y preguntando al Cielo porqué con esto la ha castigado. La veo derramar lágrimas que se mezclan con la sangre de su vástago. Lo aprieta contra su vientre, como anhelando que jamás de sus entrañas hubiese asomado. ¡¿Para qué dar un hijo a este mundo?!. ¿Para verlo morir a manos de su hermano? ¿Para verlo sufrir?¿Para tener que enterrarlo?. ¡Ay, mujer! Con que pesar te han castigado, y me pregunto cual fue tu pecado.

Miro al hombre que aún sostiene el arma, está ante ellos, quieto, parado. En su mano el garrote ensangrentado. Sus ojos se llenan de lagrimas, ¿por qué ha matado a su hermano?. ¿Cómo fue capaz de asestarle el golpe mortal?. Mira a su madre y siente, como ella, que algo suyo han matado. Llora desconsolado mientras escucha la sentencia de su Padre Bienamado "¡Hasta el fin de los días estarás condenado!".

Se esconde entre las sombras huyendo de su Señor y del dolor de ver a su madre llorando, sabe que le odian y que esperan que sea castigado, herido y maltratado.

Pero ante el hogar, cada noche su madre llora porque los ha perdido a ambos, y reza por volver a verle, para poder decirle que le ha perdonado, abrazarle y compartir su dolor, pues le ha engendrado, ella le dio la vida, y con la sabiduría y paciencia de una madre sabe que se había cegado.

Y derrama sus lagrimas porque sabe que su hijo cree que no le ha perdonado. ¡Ay, mujer! Con que pesar te han castigado, y me pregunto cual fue tu pecado.

El Rayo Verde

El último de los sueños que al anochecer tenía en mi niñez era, desde esas rocas que asoman al pie del mar, poder ver el último rayo que la tierra ilumina, la última luz del atardecer, aquel que dicen es mágico, aquel que tus deseos cumple.

Cuentan en tierras de Irlanda, que las traviesas hadas hicieron de este último rayo la entrada a su país de magia, la puerta a la tierra de Tir-Na-Nog, y que si cazas este último rayo que ilumina tus ojos con su luz verde, podrás pedir el mayor de tus deseos. Y esa noche, antes del alba las hadas te habrán oído, y lo anhelado te habrán concedido.

Hoy, ya sin mis sueños de niñez, aún intento cazar el rayo verde, pues mi corazón anhela volver a verte. Por eso, cada tarde, miro al sol cuando en la mar se esconde, tratando de ver ese ultimo rayo reflejado en este mar que nos separa, y cuando llegue el día en que lo vea, desearé que las hadas mi deseo concedan, que amanezca el día en que vuelvas a pisar esta tierra, de la que nunca te tuviste que alejar.

Santificado sea Su Nombre

Estoy esperando en mi fría celda a que las campanas comiencen a tocar. Estoy acostado en mi jergón esperando la hora que ha de llegar. El alba, cuando me han de ejecutar.

La amarillenta vela y la luna llena son mis únicas compañeras en esta triste noche en que mis pecados serán perdonados.

Pienso, triste y desfallecido, en aquellos que dejo en este mundo, mi esposa, mis hijos. Ellos son los que más van a sufrir con mi castigo. Ellos, pobres e inocentes que solo tuvieron como culpa tenerme a mi como padre y marido.

Lágrimas corren por mi cara, que triste y duro es llorar porque llega tu muerte, en horas habré dejado de existir, en horas habré fallecido.

Hombres como yo han dictado sentencia, hombres como yo han decidido que muera. ¿Qué poder tienes tu para quitar la vida que Dios nos ha dado? ¡Ningún crimen merece la muerte, ni tan siquiera el peor de los asesinatos!.

¡Oh, Dios! ¡Tu que nos diste la vida, tu que siempre estas con nosotros, ayúdame Padre, no me dejes solo!.

Ante la vela me arrodillo y un Padre Nuestro recito, perdón te suplico Padre, clemencia te pido ser humano, ¿vais a dejar que muera solo por haber robado?.

Las campanas comienzan a doblar, a doblar por aquellos que van a ajusticiar. Llega esa hora del alba en la que el frío te envuelve, y me hace imaginar que es el gélido abrazo de la Dama Negra, el espectral abrazo de la Muerte, que ya se acerca.

Abren mi celda, el sacerdote me confiesa, y al salir le pregunto "Padre, ¿el estará siempre conmigo?", el sacerdote me mira y me responde, "siempre, ve tranquilo".

Atravesando el pasillo oigo los gemidos de aquellos que están conmigo en el presidio, me sonrío, miro al sacerdote y solo le digo "Padre, ¿y porqué permite esto entonces?.¿Porqué permite que ejecuten tal castigo?".

No contesta, me mira y de hombros se encoje. Ya tengo la respuesta, Dios nos dejo aquí, en el vacío. Él no escucha nuestras plegarias, desoye nuestros gemidos. Y aun así creemos en Él, nos consideramos sus hijos.

La muerte me llegó. Y Él no estaba conmigo.