Si alguien consideró una molestia hacerte feliz y que te ilusiones; si alguien pensó que era una pérdida de tiempo esperar por ti; si alguien no entendió que lo que cuenta de verdad es la compañía, no el lugar ni lo que se haga; si alguien no se preocupó en hacerte sentir como el centro de su mundo; si alguien te dejó sola cuando más lo necesitabas; si alguien solamente te oía pero no te escuchaba; si alguien no quiso pasar los días pensando en cómo robarte una sonrisa y una mirada; si alguien temió seguirte cuando soñabas…en definitiva, si alguien no deseo enamorarte, ese alguien no fui yo.
He conocido el abatimiento del alma que trae consigo la derrota, y el dolor ardiente y desgarrador de las heridas profundas. Y no lo habria hecho de otra manera. Cosas tan oscuras hacen que los lugares luminosos ardan aun con mayor luminosidad.
domingo, 20 de diciembre de 2015
viernes, 23 de octubre de 2015
Me cansé de ti.
Me cansé de ti, de que seas el primer pensamiento que ocupa mi mente
al despertar y el último antes de dormirme.
Me cansé de ti, de esa mirada que me desarma y en la que me pierdo con
gusto.
Me cansé de ti, de esa sonrisa que se me contagia al verla.
Me cansé de ti, del aroma que desprendes al pasar a mi lado.
Me cansé de ti, de querer estar a tu lado pase lo que pase.
Me cansé de ti, de escuchar tus sueños y temores.
Me cansé de ti, de vivir esos momentos que sé que ya no podré olvidar jamás.
Me cansé de ti…y desperté temiendo que todo esto fuese verdad.viernes, 9 de octubre de 2015
Leyendas de los Reinos del Dragón - La Dama y el Matadragones.
Miró el gigantesco cuerpo del dragón
negro que yacía frente a él mientras intentaba recuperar el aliento perdido en
el último combate. Lo que había sido un enemigo formidable reposaba ahora
recubierto por la sangre de las heridas que le había infringido. Levanto la protección
de su yelmo y aferró con fuerza su escudo, mientras envainaba la espada que
durante toda su vida le había acompañado. Se dio la vuelta y comenzó a recorrer
el patio rodeado de columnas de lo que había sido el más fastuoso de los
templos de la polis.
Al fondo, junto a la balaustrada
se encontraba la Dama, ataviada con la túnica blanca característica de su Orden.
Al acercarse a ella volvió su rostro. Sus ojos le impactaron, pues en ellos se veía
todo lo que había ocurrido y, aunque ninguna lagrima recorría su tez, a
Nathanien no le costó distinguir la tristeza en ellos.
- Vienen por mí.-dijo la Dama
mientras volvía la vista hacia el mirador desde el que se divisaba la ciudad y
las montañas en las que los dragones tenían su guarida.- Si no estuviese aquí, la
polis y sus ciudadanos estarían a salvo.
Nathanien notó la amargura en sus
palabras y supo que las fuerzas le flaqueaban después de todo lo que la Dama había
vivido.
- Buscan destruir el ideal que representáis.-dijo
el guerrero mientras subía los escalones que le separaban de ella.- Si os rendís
ahora les habréis dado el poder sobre todas estas tierras.
- Pero solo sufriría yo. Su afán es
destruirme a mí. Tú mismo lo has dicho.
El guerrero fijo la mirada en
ella, buscando sus ojos, los que podía percibir entre su oscura melena.
- Miradme. Di mi palabra de acabar
con ellos y lo haré. Protegeré este templo y a vos con mi vida si es necesario,
pues ese es el juramento al que me encomendé el día que atravesé las puertas de
esta ciudad.- la Dama le miraba, intentando esbozar una sonrisa. – Vos estad a
mi lado preparada para cicatrizar mis heridas con vuestra magia, y yo me
encargaré que no pasen las puertas.
En ese momento un rugido recorrió
el valle desde las montañas, y una silueta alada apareció de entre las nubes,
dirigiendo su vuelo hacia el templo. La leve sonrisa se borró de la faz de la
Dama y su mirada se tornó temerosa. Nathanien aún la observaba y deseo poder apoyar
su mano en su hombro para transmitirle la fortaleza que poco a poco se
desquebrajaba, pero sabía que un juramento vetaba el contacto físico entre la
Dama y los mortales. Bajó la protección de su yelmo mientras con una sonrisa
intentó transmitirle la seguridad y la confianza de que saldría victorioso de
este nuevo combate.
- No os fallaré mi Dama, al fin y
al cabo, solo son dragones, y no son eternos. Dejarán de amenazaros el día que
los extermine.
El guerrero se volvió y descendió
los escalones, justo en el momento que la bestia alada aterrizaba pesadamente
sobre las baldosas del patio a la vez que emitía un rugido desafiante.
El guerrero se preparó para una
nueva batalla.
sábado, 22 de agosto de 2015
Cuando leas esto
Cuando leas estas palabras ya no estaré aquí. Habré desaparecido, pues
soy ese sueño que dudaste que podías hacer realidad. Esa idea que desechaste
por ser una locura. La oportunidad perdida que dejaste escapar.
Y te preguntarás qué podría haber sido si tus miedos no te hubiesen
paralizado.
jueves, 30 de julio de 2015
El banco
Fue una tarde como otra
cualquiera cuando decidí ir a aquel parque. Era un plan simple, salir para
tomar el aire y distraerme, pues no dejaba de pensar en ella. El día era
propicio, el sol brillaba sin apenas una nube en el cielo y había una suave
brisa que hacía que se estuviese bien en la calle. Así que, decidido a dejar de
pensar y distraerme, salí a caminar.
Pasados unos veinte minutos
llegué al parque. No era el más grande de los que hay en la ciudad, ni siquiera
el más bonito, pero era un buen sitio para sentarse e intentar dejar la mente
en blanco un rato mirando a la gente que paseaba por allí, a los niños que
jugaban divertidos en los columpios y a unos perros que corrían de un lado a
otro buscando una pelota que uno de los dueños les lanzaba.
Había un banco a la sombra de
unos árboles y para allí me fui. Me senté dejando a mi lado la pequeña botella
de agua que siempre intento llevar conmigo, y me dispuse a relajarme
disfrutando de la escena y del suave olor a césped que llegaba cuando la brisa
soplaba. Debí despistarme durante unos
minutos, ensimismado en esos pensamientos que quería alejar de mi cabeza, pues
no me di cuenta de su llegada y mucho menos de que se sentaba al otro lado del
banco. Fue su “Hola” el que me hizo percatarme de la presencia del anciano.
Aparentaba unos setenta años
largos, aunque es cierto que mi habilidad para calcular edades por la
apariencia deja mucho que desear, vestido con un pantalón oscuro y una camisa
clara que debían haberle acompañado durante muchos años ya. Era un anciano
enjuto, de pelo cano repeinado, con unos pequeños ojos oscuros rodeados de
arrugas, muchas de las cuales juraría que eran de esas que se marcan cuando
eres de esas personas capaces de sonreír con la mirada. Y ahora esos ojos sonreían
al darse cuenta que me había sorprendido su presencia.
Nunca he sido una persona de esas
que se ponen a hablar con cualquiera, pero eso no evito que mi respuesta fuese
educada.
- Buenas
tardes.- dije intentando no parecer muy seco.
- Se te ve preocupado
chico, ¿una mujer? – pregunto mientras extendía su mano hacia mi. – Me llamo Ángel.
- Encantado.-
dije mientras le estrechaba la mano.- ¿Por qué pregunta eso?
- ¿Qué si no
puede hacer que tengamos la mente en otro lado?-dijo mientras intentaba evitar
la risa. –Lo cierto es que son nuestro mayor dolor de cabeza…pero como siempre
digo es difícil vivir con ellas, pero inimaginable vivir sin ellas. Y cuéntame,
¿qué has hecho para cabrearla?- su expresión intentaba imitar a la de un
confesor socarrón, cruzando las manos y mirándome como queriéndome reprender
por algún pecado cometido.
- No, no…no he
hecho nada para cabrearla…es más, ni siquiera somos nada.- me sorprendió mi
respuesta, no porque no fuese verdad, sino precisamente por eso, por ser tan
sincera. El viejillo había conseguido algo difícil en mi.
- Aahhh…que
estas en el principio de la historia… ¿pero ella sabe que existes, no?- su tono
se volvió algo más serio, pero sin dejar de ser agradable, aunque llegado a
este momento me di cuenta de que era una de esas personas que emanan confianza
y con las que todo el mundo se siente cómodo.
- Si, claro.
Bueno, somos amigos…o al menos nos estamos conociendo. Pero…no se…, eso es lo
que hace que tenga la cabeza en otro sitio, como se ha dado cuenta.
- ¿Qué no
sabes qué? Se claro chico, que eso es lo primero, saber.
- Que no se si
tengo alguna posibilidad. Nunca he sido bueno en estos asuntos.-dije mientras cogía
la botella para beber.
- ¿Alguna
posibilidad?-dijo mirándome directamente con sus ojillos. –Lamento comunicarte
que eso nunca lo podrás saber…salvo si ella misma te lo dice.
- Precisamente,
porque eso no suele pasar es por lo que estoy así, dudando de todo y sin poder quitármela
de la cabeza.
- ¿Pero no te
la quitas de la cabeza solo por eso?- ahí me di cuenta de que todo este tema le
estaba divirtiendo, por el tono de su pregunta dejándola entre abierta.
- No…no me la
quito de la cabeza por muchas otras cosas…- comencé a sentir que las palabras
llegaban a mi boca y que me costaría contenerlas.- No me quito de la cabeza su
sonrisa el otro día cuando fuimos a pasear, ni su mirada, ni el recuerdo del
roce accidental de nuestras manos, ni el de su cercanía. Tengo el recuerdo de
esa mañana grabado y no puedo quitármelo de la cabeza. Y en mi cabeza no paro
de darle vueltas a todo.
- Lo
importante no es lo que te diga tu cabeza…-me interrumpió mientras levantaba su
mano para hacerme callar.- Si no lo que te diga tu corazón, pues de ahí es de
donde surgen los sentimientos y los sueños. Y ambos no deben ser limitados por
algo tan poco fiable como el cerebro.
- ¿Poco fiable
el cerebro?- dije mientras sonreía esperando la explicación de Ángel.
- Si, poco
fiable. ¿De dónde surge el miedo? Del cerebro, de los instintos que tenemos
grabados en el como herencia de nuestros antepasados. ¿Y cuál es una de las
consecuencias que nos genera el miedo? La parálisis, el quedarnos quietos. Y si
nos quedamos así, ¿qué pasa? Que no actuamos, y si no actuamos, perdemos las
oportunidades que se nos presentan en la vida. Y créeme, llega el día en el que
miras atrás y ves todas esas oportunidades que dejaste pasar por miedo a
equivocarte, a salir dañado, a que aparezca algo mejor… -su mirada había cambiado
mientras hablaba. Esa alegría que desprendía se había tornado en tristeza al
decir estas últimas palabras.- Y si esa mujer te hace estar así, ensimismado en
esos pensamientos y con miedo a actuar, es que no es una más que has conocido.
Es alguien que despierta algo en ti, ¿no es cierto?
- Así es.- sus
palabras me habían dejado sorprendido, parecía que me había leído la mente.-
Pero hace poco le hicieron daño, además ¿y si solo me ve como un amigo?
- Es así como
te debe ver, ¿no?, como un amigo, pues en eso se basa una relación, en la
amistad que ambos se profesan. Y si hace poco le hicieron daño demuéstrale que
tu no se lo harás.
- No es esa mi
idea, al contrario. Despierta en mi las ganas de ayudarla, de protegerla, de
cuidarla, de estar ahí para ella siempre…- en ese momento sentí vergüenza de
estar diciendo eso y mi mirada se perdió en los columpios donde un niño, rubio
a más no poder, reía despreocupadamente.
- Si es eso lo
que despierta en ti, siento decirte que te estas enamorando.- dijo apoyando su
mano en mi hombro antes de comenzar a reír y a palmearme la espalda. No pude
evitar reír yo también durante un momento.
- ¿Pero y si
ella no siente lo mismo?
- Pues haz que
lo sienta, enamórala.- su respuesta sonaba tan evidente.
- Nunca he
sabido enamorar a nadie. Es más, no sería
la primera vez que me lanzase de cabeza y me diese un buen tortazo.
- Veo que eres
de los que antes de tirarse a la piscina mete el dedo para ver si esta fría.-
dijo riéndose. – Tu lánzate y disfruta…da igual si el agua esta fría, tibia o
caliente. Podrás decir que te tiraste sin miedo.
- Pero…
- Déjate de
peros, eso no arregla nada.- me interrumpió.- Los peros son las trabas que te
pone el miedo, que se esconde en tu cerebro, para que no actúes según te dicta
tu corazón. Yo fui como tú y el miedo hizo que no le dijese a alguien lo que sentía…y
no hay día que no me levante y no me arrepienta de esa decisión.
En ese momento
sonó el móvil. Cuando lo mire para leer el mensaje Ángel me pregunto - ¿No es
ella verdad?
- No, ¿cómo lo
sabe?
- Por la decepción
en tu mirada al haber visto quien te lo había mandado. Haz una cosa, regálale
algo, pero no algo que se pueda comprar, ni ropa, ni perfumes, ni joyas ni
rosas siquiera. Regálale algo único, algo creado expresamente para ella.- dijo
mientras se levantaba costosamente.- Y siempre, siempre regálale lo más valioso
que tenemos en nuestra vida. Tiempo.
Me levante
para ayudarle. –Muchas gracias por sus consejos Ángel.-dije mientras le
estrechaba la mano.
- No me des
las gracias por decirte lo que ya sabias. Gracias a ti por escucharme. Ahora me
tengo que ir. Espero veros paseando por este parque cogidos de la mano.
Vi como se
alejaba caminando tranquilo mientras miraba a los niños jugar. Me volví a
sentar y cogí el teléfono. Busque su nombre y escribí un mensaje. “¿Cómo va la
tarde?”. Y espere su respuesta.
jueves, 18 de junio de 2015
Uno de esos días míos.
Hoy es uno de esos días míos.
Pero hoy es uno de esos días míos.
Un día de esos en los que pienso que debería comenzar a tratar a los demás como me tratan a mi. A preocuparme por sus problemas como se preocupan por los míos, a preguntar “¿Qué tal estas?” tantas veces como me lo preguntan, a ofrecerles mi ayuda tanto como me la ofrecen, a estar tantas veces como están para mi, a escucharles como ellos me escuchan, a perdonarles como ellos perdonan mis errores…en fin…a no ser como soy. Y es que una vez ya me lo pregunto un amigo… ” ¿Cómo aguantas tanto?”…y la respuesta es sencilla. Se lo que es la soledad. Se lo que es que nadie te pregunte como te sientes. Se lo que es necesitar ayuda y no tener a nadie cerca para que te ayude. Se lo que es equivocarte y perder alguien a quien valoras. Y no le deseo eso a nadie…y menos aún a quienes, por una u otra razón, valoro y tengo por amigos. Y quizás entienda la amistad de una manera distinta a como lo entiende la mayoría de las personas. Quizás trate a esas personas como las trato porque es como me gustaría que ellas me tratasen. Y aunque lleguen días como estos y sienta que me fallan y que me hacen daño…seguiré estando ahí…porque soy así…hasta que cambie.
Pero hoy es uno de esos días míos.
martes, 19 de mayo de 2015
El pacto de los perdedores
Vengo a proponerte que hagamos un pacto, nosotros que
sabemos lo que es perder, que sabemos lo que es que nos fallen y sentirnos
derrotados por la vida, que sabemos lo que es que nos decepcionen. Hagamos un
sagrado pacto que bien sabemos que cumpliremos, que lucharemos por no
decepcionar como nos decepcionaron, que no haremos sufrir como lo hicieron con
nosotros, que evitaremos que se derramen lagrimas innecesarias, que será la
humildad y no el orgullo lo que impregne nuestras palabras, que será la bondad
la que guie nuestros gestos, que será la lealtad el pilar de todo.
Pactemos que no habrá mascaras que nos oculten, ni escudos
que nos protejan, que no empuñaremos dagas el uno contra el otro, que no habrá fantasmas
que oscurezcan nuestro semblante con recuerdos del pasado, que nos cubriremos
las espaldas el uno al otro mientras caminamos por la vida, que estaré para ti en
las más oscuras horas como se que tu estarás para mi, que nunca habrá un no
cuando se necesite un hombro sobre el que apoyarse, que tendremos una sonrisa
en la que refugiar al otro cuando la tristeza le invada.
Pactemos que nos valoraremos como nunca nos valoraron, que
no nos cegaran prejuicios y que nos atreveremos a soñar, a ilusionarnos, a
vivir algo que nos vedaron. Pactemos que demos por cicatrizadas las heridas,
que cuidaremos el uno del otro, que la felicidad del otro sea nuestro anhelo.
Firmemos este pacto de perdedores.
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