Vengo a proponerte que hagamos un pacto, nosotros que
sabemos lo que es perder, que sabemos lo que es que nos fallen y sentirnos
derrotados por la vida, que sabemos lo que es que nos decepcionen. Hagamos un
sagrado pacto que bien sabemos que cumpliremos, que lucharemos por no
decepcionar como nos decepcionaron, que no haremos sufrir como lo hicieron con
nosotros, que evitaremos que se derramen lagrimas innecesarias, que será la
humildad y no el orgullo lo que impregne nuestras palabras, que será la bondad
la que guie nuestros gestos, que será la lealtad el pilar de todo.
Pactemos que no habrá mascaras que nos oculten, ni escudos
que nos protejan, que no empuñaremos dagas el uno contra el otro, que no habrá fantasmas
que oscurezcan nuestro semblante con recuerdos del pasado, que nos cubriremos
las espaldas el uno al otro mientras caminamos por la vida, que estaré para ti en
las más oscuras horas como se que tu estarás para mi, que nunca habrá un no
cuando se necesite un hombro sobre el que apoyarse, que tendremos una sonrisa
en la que refugiar al otro cuando la tristeza le invada.
Pactemos que nos valoraremos como nunca nos valoraron, que
no nos cegaran prejuicios y que nos atreveremos a soñar, a ilusionarnos, a
vivir algo que nos vedaron. Pactemos que demos por cicatrizadas las heridas,
que cuidaremos el uno del otro, que la felicidad del otro sea nuestro anhelo.
Firmemos este pacto de perdedores.
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