jueves, 30 de julio de 2015

El banco

Fue una tarde como otra cualquiera cuando decidí ir a aquel parque. Era un plan simple, salir para tomar el aire y distraerme, pues no dejaba de pensar en ella. El día era propicio, el sol brillaba sin apenas una nube en el cielo y había una suave brisa que hacía que se estuviese bien en la calle. Así que, decidido a dejar de pensar y distraerme, salí a caminar.

Pasados unos veinte minutos llegué al parque. No era el más grande de los que hay en la ciudad, ni siquiera el más bonito, pero era un buen sitio para sentarse e intentar dejar la mente en blanco un rato mirando a la gente que paseaba por allí, a los niños que jugaban divertidos en los columpios y a unos perros que corrían de un lado a otro buscando una pelota que uno de los dueños les lanzaba.

Había un banco a la sombra de unos árboles y para allí me fui. Me senté dejando a mi lado la pequeña botella de agua que siempre intento llevar conmigo, y me dispuse a relajarme disfrutando de la escena y del suave olor a césped que llegaba cuando la brisa soplaba.  Debí despistarme durante unos minutos, ensimismado en esos pensamientos que quería alejar de mi cabeza, pues no me di cuenta de su llegada y mucho menos de que se sentaba al otro lado del banco. Fue su “Hola” el que me hizo percatarme de la presencia del anciano.

Aparentaba unos setenta años largos, aunque es cierto que mi habilidad para calcular edades por la apariencia deja mucho que desear, vestido con un pantalón oscuro y una camisa clara que debían haberle acompañado durante muchos años ya. Era un anciano enjuto, de pelo cano repeinado, con unos pequeños ojos oscuros rodeados de arrugas, muchas de las cuales juraría que eran de esas que se marcan cuando eres de esas personas capaces de sonreír con la mirada. Y ahora esos ojos sonreían al darse cuenta que me había sorprendido su presencia.

Nunca he sido una persona de esas que se ponen a hablar con cualquiera, pero eso no evito que mi respuesta fuese educada.

- Buenas tardes.- dije intentando no parecer muy seco.

- Se te ve preocupado chico, ¿una mujer? – pregunto mientras extendía su mano hacia mi. – Me llamo Ángel.

- Encantado.- dije mientras le estrechaba la mano.- ¿Por qué pregunta eso?

- ¿Qué si no puede hacer que tengamos la mente en otro lado?-dijo mientras intentaba evitar la risa. –Lo cierto es que son nuestro mayor dolor de cabeza…pero como siempre digo es difícil vivir con ellas, pero inimaginable vivir sin ellas. Y cuéntame, ¿qué has hecho para cabrearla?- su expresión intentaba imitar a la de un confesor socarrón, cruzando las manos y mirándome como queriéndome reprender por algún pecado cometido.

- No, no…no he hecho nada para cabrearla…es más, ni siquiera somos nada.- me sorprendió mi respuesta, no porque no fuese verdad, sino precisamente por eso, por ser tan sincera. El viejillo había conseguido algo difícil en mi.

- Aahhh…que estas en el principio de la historia… ¿pero ella sabe que existes, no?- su tono se volvió algo más serio, pero sin dejar de ser agradable, aunque llegado a este momento me di cuenta de que era una de esas personas que emanan confianza y con las que todo el mundo se siente cómodo.

- Si, claro. Bueno, somos amigos…o al menos nos estamos conociendo. Pero…no se…, eso es lo que hace que tenga la cabeza en otro sitio, como se ha dado cuenta.

- ¿Qué no sabes qué? Se claro chico, que eso es lo primero, saber.

- Que no se si tengo alguna posibilidad. Nunca he sido bueno en estos asuntos.-dije mientras cogía la botella para beber.

- ¿Alguna posibilidad?-dijo mirándome directamente con sus ojillos. –Lamento comunicarte que eso nunca lo podrás saber…salvo si ella misma te lo dice.

- Precisamente, porque eso no suele pasar es por lo que estoy así, dudando de todo y sin poder quitármela de la cabeza.

- ¿Pero no te la quitas de la cabeza solo por eso?- ahí me di cuenta de que todo este tema le estaba divirtiendo, por el tono de su pregunta dejándola entre abierta.

- No…no me la quito de la cabeza por muchas otras cosas…- comencé a sentir que las palabras llegaban a mi boca y que me costaría contenerlas.- No me quito de la cabeza su sonrisa el otro día cuando fuimos a pasear, ni su mirada, ni el recuerdo del roce accidental de nuestras manos, ni el de su cercanía. Tengo el recuerdo de esa mañana grabado y no puedo quitármelo de la cabeza. Y en mi cabeza no paro de darle vueltas a todo.

- Lo importante no es lo que te diga tu cabeza…-me interrumpió mientras levantaba su mano para hacerme callar.- Si no lo que te diga tu corazón, pues de ahí es de donde surgen los sentimientos y los sueños. Y ambos no deben ser limitados por algo tan poco fiable como el cerebro.

- ¿Poco fiable el cerebro?- dije mientras sonreía esperando la explicación de Ángel.

- Si, poco fiable. ¿De dónde surge el miedo? Del cerebro, de los instintos que tenemos grabados en el como herencia de nuestros antepasados. ¿Y cuál es una de las consecuencias que nos genera el miedo? La parálisis, el quedarnos quietos. Y si nos quedamos así, ¿qué pasa? Que no actuamos, y si no actuamos, perdemos las oportunidades que se nos presentan en la vida. Y créeme, llega el día en el que miras atrás y ves todas esas oportunidades que dejaste pasar por miedo a equivocarte, a salir dañado, a que aparezca algo mejor… -su mirada había cambiado mientras hablaba. Esa alegría que desprendía se había tornado en tristeza al decir estas últimas palabras.- Y si esa mujer te hace estar así, ensimismado en esos pensamientos y con miedo a actuar, es que no es una más que has conocido. Es alguien que despierta algo en ti, ¿no es cierto?

- Así es.- sus palabras me habían dejado sorprendido, parecía que me había leído la mente.- Pero hace poco le hicieron daño, además ¿y si solo me ve como un amigo?

- Es así como te debe ver, ¿no?, como un amigo, pues en eso se basa una relación, en la amistad que ambos se profesan. Y si hace poco le hicieron daño demuéstrale que tu no se lo harás.

- No es esa mi idea, al contrario. Despierta en mi las ganas de ayudarla, de protegerla, de cuidarla, de estar ahí para ella siempre…- en ese momento sentí vergüenza de estar diciendo eso y mi mirada se perdió en los columpios donde un niño, rubio a más no poder, reía despreocupadamente.

- Si es eso lo que despierta en ti, siento decirte que te estas enamorando.- dijo apoyando su mano en mi hombro antes de comenzar a reír y a palmearme la espalda. No pude evitar reír yo también durante un momento.

- ¿Pero y si ella no siente lo mismo?

- Pues haz que lo sienta, enamórala.- su respuesta sonaba tan evidente.

- Nunca he sabido enamorar a nadie.  Es más, no sería la primera vez que me lanzase de cabeza y me diese un buen tortazo.

- Veo que eres de los que antes de tirarse a la piscina mete el dedo para ver si esta fría.- dijo riéndose. – Tu lánzate y disfruta…da igual si el agua esta fría, tibia o caliente. Podrás decir que te tiraste sin miedo.   

- Pero…

- Déjate de peros, eso no arregla nada.- me interrumpió.- Los peros son las trabas que te pone el miedo, que se esconde en tu cerebro, para que no actúes según te dicta tu corazón. Yo fui como tú y el miedo hizo que no le dijese a alguien lo que sentía…y no hay día que no me levante y no me arrepienta de esa decisión.

En ese momento sonó el móvil. Cuando lo mire para leer el mensaje Ángel me pregunto - ¿No es ella verdad?

- No, ¿cómo lo sabe?

- Por la decepción en tu mirada al haber visto quien te lo había mandado. Haz una cosa, regálale algo, pero no algo que se pueda comprar, ni ropa, ni perfumes, ni joyas ni rosas siquiera. Regálale algo único, algo creado expresamente para ella.- dijo mientras se levantaba costosamente.- Y siempre, siempre regálale lo más valioso que tenemos en nuestra vida. Tiempo.

Me levante para ayudarle. –Muchas gracias por sus consejos Ángel.-dije mientras le estrechaba la mano.

- No me des las gracias por decirte lo que ya sabias. Gracias a ti por escucharme. Ahora me tengo que ir. Espero veros paseando por este parque cogidos de la mano.

Vi como se alejaba caminando tranquilo mientras miraba a los niños jugar. Me volví a sentar y cogí el teléfono. Busque su nombre y escribí un mensaje. “¿Cómo va la tarde?”. Y espere su respuesta. 

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