A ti, que tantas veces me escuchaste divagar; a ti, que tanto te debo.
Me gustaría poder decirte que sé lo que ocurrió, que sé que las lágrimas inundan tus ojos en las noches, me gustaría poder darte ánimos, abrazarte y servirte de escudo como otras tantas veces hice. Me gustaría poder recoger los trozos de ese enorme corazón destrozado, juntarlos y volver a colocarlos donde deben estar. Me gustaría poder hacerte reír como tantas veces hice, estar a tu lado para escucharte o para que oigas mis tonterías y que la pena no sea tanta. Pero no es posible. Estoy atado al silencio y a la distancia que nos separa.
Mi corazón se estremeció cuando lo intuido se hizo realidad. Solo quiero decirte que nunca bajes la cabeza. Vomita esas insanas lágrimas que corren por tus venas, libérate del dolor, que la herida haga costra y vuelve a caminar, paso a paso, aunque duela, como siempre has hecho pese a la carga que llevabas sobre tus hombros. Y cuando descanses, hazlo sabiendo que has hecho siempre lo correcto, lo mejor, aunque no se haya valorado en su justa medida.
Todo pasa porque tiene que pasar. Las puertas se cierran y se abren ventanales desde los que podrás disfrutar de nuevos amaneceres, el frío invernal que ahora estremece tu corazón, dejará paso a una primavera y a un nuevo verano en el que tu mirada sonreirá y se escaparán suspiros de tus labios. Todo eso llegará porque las personas que sabemos amar nos lo merecemos.
Sé que volveré a ver esa sonrisa. Sé que volveremos a tomarnos un café sentados en la misma mesa. Sé que tu corazón volverá a latir, se volverá a ilusionar y que tu mañana, esté donde esté, te llenará el alma de nuevas ilusiones que ocultaran los zarpazos del destino.
Te lo mereces.
Me gustaría poder decirte que sé lo que ocurrió, que sé que las lágrimas inundan tus ojos en las noches, me gustaría poder darte ánimos, abrazarte y servirte de escudo como otras tantas veces hice. Me gustaría poder recoger los trozos de ese enorme corazón destrozado, juntarlos y volver a colocarlos donde deben estar. Me gustaría poder hacerte reír como tantas veces hice, estar a tu lado para escucharte o para que oigas mis tonterías y que la pena no sea tanta. Pero no es posible. Estoy atado al silencio y a la distancia que nos separa.
Mi corazón se estremeció cuando lo intuido se hizo realidad. Solo quiero decirte que nunca bajes la cabeza. Vomita esas insanas lágrimas que corren por tus venas, libérate del dolor, que la herida haga costra y vuelve a caminar, paso a paso, aunque duela, como siempre has hecho pese a la carga que llevabas sobre tus hombros. Y cuando descanses, hazlo sabiendo que has hecho siempre lo correcto, lo mejor, aunque no se haya valorado en su justa medida.
Todo pasa porque tiene que pasar. Las puertas se cierran y se abren ventanales desde los que podrás disfrutar de nuevos amaneceres, el frío invernal que ahora estremece tu corazón, dejará paso a una primavera y a un nuevo verano en el que tu mirada sonreirá y se escaparán suspiros de tus labios. Todo eso llegará porque las personas que sabemos amar nos lo merecemos.
Sé que volveré a ver esa sonrisa. Sé que volveremos a tomarnos un café sentados en la misma mesa. Sé que tu corazón volverá a latir, se volverá a ilusionar y que tu mañana, esté donde esté, te llenará el alma de nuevas ilusiones que ocultaran los zarpazos del destino.
Te lo mereces.
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