Me enamoré de tus miradas al infinito, de las sonrisas veladas que conseguí
robarte, de la dulzura de tus gestos cuando compartíamos momentos que no se
repetirán. Aprendí a amarte en tus noches de insomnio, en las que buscabas mi
compañía pese a la distancia insalvable que nos separaba. Soñé con recorrer esa
senda, sin rendirme, superando todos los obstáculos que se presentasen, con tal
de acabar caminando a tu lado, susurrándote al oído lo especial e importante
que eres para mí.
Pero esas palabras ya no saldrán de mis labios, no caminaremos juntos
ya. He aprendido que no debo recorrer esa senda, que esos sueños, solo sueños
son. Que esa distancia insalvable que nos separa, siempre estará ahí, en lo que
sientes. Que ya no te acompañaré cuando tus noches se conviertan en el
incesante paso de los minutos esperando la llegada de Morfeo. Hoy soy
consciente que debo olvidar el amor que siento por ti, que no puedo aferrarme a
momentos pasados aunque los recuerde constantemente. Ya no robaré sonrisas de
esos labios que deseé besar, ni miraré al infinito intentando averiguar en
donde se pierde tu mirada.
Porque no soy yo quien debe recordarte cada segundo de tu vida que
eres alguien especial, un ser único que conseguirá todo lo que se proponga,
alguien capaz de robarle el corazón hasta a quien lo creía muerto. Es quien
comparte tus momentos quien tiene que hacerte sentir especial con cada uno de
sus gestos; quien debe robarte sonrisas, soles, estrellas y perderse en tu
aroma en cada abrazo. Es quien debe hacer que se te erice el vello con cada una
de sus caricias; quien debe soñar con perderse en tus labios. No soy yo quien
debe decirte un “te amo” cada vez que te mire, ni quien desee alejar la
tristeza de tus ojos cuando se atreva a asomarse en ellos. Tú así lo decidiste.
Yo soy quien seguirá viviendo su vida, olvidando cada día que fuiste
mi razón para sonreír en cada despertar. Soy quien se recordará, cada noche
antes de dormir, que pocos aman como amo yo. Soy quien soñará cada noche con el
día en el que llegará esa persona que me ame como yo la amaré; que sepa
apreciar lo que tú no has sabido, o no te has atrevido, a valorar.
Aunque en las sombras siga anhelando perderme en ti.
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