No se cuantas millas he cabalgado. Me siento débil, son demasiadas las heridas que he recibido...y se que voy a morir. Mis hermanos de armas han caído. Solo quedamos mi montura y yo...Y apenas puedo mantenerme erguido.
Me dejo caer sobre su cuello. Se que también está herido, pero se que no me dejará morir. Ese lazo especial que nos une, ese lazo mágico, es demasiado fuerte para que se rinda y me deje fallecer en estas tierras. Yo haría lo mismo por el, porque el juramento es entre dos, por eso sé que puedo confiar en mi caballo.
Cierro los ojos, intento descansar, pero revivo las imágenes de hace unas horas. Fuimos demasiado lejos. No teníamos que habernos adentrado en ese bosque. Los Jinetes de Rohan combatimos en campo abierto...Fue un fallo que han pagado muchos. Las flechas orcas salieron de la espesura. No los vimos llegar...Pero ya es tarde, mis hermanos han muerto y yo vago moribundo, esperando encontrar alguien a quien poder contar lo sucedido. Mis hermanos se merecen un funeral digno de lo que son, no el yacer en ese bosque...
Comienzo a sentir la calidez del sol. Amanece. Consigo abrir los ojos...pero estoy desorientado. No vamos al sur, no volvemos a Rohan. Mi fiel compañero se ha desviado. Se que hace lo posible...Me siento caer. Oscuridad. Silencio. Frió. Muerte.
Hierba mojada. Tierra húmeda. Aire frió y limpio. Eso es lo primero que percibo, esas esencias inundan mis pulmones. Duele. Pero me siento vivo. Intento abrir los ojos. Apenas puedo, el sol me ciega. Giro la cabeza y la veo. Está sentada a mi lado, observándome.
Intento hablar, pero me silencia con un dedo. Mi vista comienza a adaptarse a la claridad y sus rasgos comienzan a definirse. Sus ojos castaños. Su cabello rubio, iluminado por el sol. Su mirada. Su piel...Dudo seguir vivo. Cierro los ojos y me dejo morir.
Su voz llega a mis oídos, misteriosa. Habla en su lengua, una melodía para nosotros los mortales. Siento que acaricia mi rostro. Duermo.
Despierto. Las estrellas iluminan la noche. Me siento vivo. Me intento incorporar y, aunque aún duelen las heridas, lo consigo. Miro a mi alrededor. Localizo a mi fiel amigo pastando cerca. Me mira. Me oriento. Estamos al pie del bosque de Lorien. Fuimos demasiado al norte...Ella no está, se ha ido. Cierro los ojos y aún puedo evocar su rostro. Siento una punzada en mi corazón...
Monto en mi caballo. Vuelvo al camino, hacia el sur, hacia La Marca, no olvido a mis hermanos, pero tampoco a mi salvadora, a la que me devolvió la vida.
Levanto la vista hacia el cielo estrellado. Galopo hacia mi hogar, guiándome por las estrellas que me recuerdan a ella, porque al fin y al cabo, ella lo ha sido para mi.
Luz en la oscuridad...
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