El último de los sueños que al anochecer tenía en mi niñez era, desde esas rocas que asoman al pie del mar, poder ver el último rayo que la tierra ilumina, la última luz del atardecer, aquel que dicen es mágico, aquel que tus deseos cumple.
Cuentan en tierras de Irlanda, que las traviesas hadas hicieron de este último rayo la entrada a su país de magia, la puerta a la tierra de Tir-Na-Nog, y que si cazas este último rayo que ilumina tus ojos con su luz verde, podrás pedir el mayor de tus deseos. Y esa noche, antes del alba las hadas te habrán oído, y lo anhelado te habrán concedido.
Hoy, ya sin mis sueños de niñez, aún intento cazar el rayo verde, pues mi corazón anhela volver a verte. Por eso, cada tarde, miro al sol cuando en la mar se esconde, tratando de ver ese ultimo rayo reflejado en este mar que nos separa, y cuando llegue el día en que lo vea, desearé que las hadas mi deseo concedan, que amanezca el día en que vuelvas a pisar esta tierra, de la que nunca te tuviste que alejar.
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