Su cuello está ante mi, suave, frágil, frió. Mi mano se cierra entorno a el y atraigo sus labios a mi boca. Nos fundimos en un amargo beso y su lengua de fuego llega hasta mis adentros. Nuestro romance comenzó de jóvenes y mal final me depara, lo se, pero si sus besos son la llave al Infierno...¡haré compañía a Satán hasta el día del Juicio Final...!
Su olor me atrae, su cálida humedad me hace volar, con ella mi oscura vida se borra de mi mente. Esa noche en que sucumbo a su sabor olvido las heridas que llevo en mi corazón, por todo lo vivido, por todo lo sentido.
Esta noche está a mi lado, amante fiel que tengo cuando su precio pago. Tumbado en mi cama veo su cuerpo, su cuello, sus labios...esos labios que esconden el más preciado licor, licor que da lucidez al loco. Ella es la llave a la evasión. Dejo que sus brazos me envuelvan, que sus vapores nublen mi mente...¿Que es el tiempo cuando estoy con ella?
La luna se ríe maliciosa, la veo por la ventana, se ríe porque sabe que ella abre mi mente...Yo soy el vidente, el tejedor de sueños, aquel que ve más allá de lo visible. Y veo los demonios de mi mente que, agazapados en la oscuridad de este cuchitril, se ríen de mi porque me ven caer en sus brazos, en su dulce beso...
El silencio de la noche me habla, la luna me habla, mis demonios me hablan...hablan al vidente, hablan al enloquecido amante que se funde en otro largo beso.
Aquí, al sur del cielo, la vida es dura, hay que ser más listo que el resto, si no, perderás la partida y se abalanzaran sobre ti como buitres en busca de la carroña...
Pero tengo la solución, ella me ha enseñado, ella, mi dulce flor...
La noche es calurosa y las sabanas están húmedas por nuestro sudor. Vivimos demasiado cerca del Infierno...
Ahora hay dos damas en mi cama. Una blanca, la otra negra, pero ambas frías, ambas desnudas, mostrándome su alma. A mi izquierda tumbada y sin licor que darle a mis labios, la blanca, callada, mirándome, manando su perfume que llega hasta mis adentros...A mi derecha la negra, mirándome fijamente. Atraigo su boca hasta mi boca, fundiendonos en un ultimo beso, mientras mi dedo se interna allí donde sé que la hago vibrar...lo acaricio, su olor llega a mi...la luna se ríe, mis demonios se ríen...pero no más...Con decisión llevo mi dedo hasta adentro, haciéndola vivir, haciéndola escupir su plomo que destroza mi cerebro...
Tumbado, así he muerto. Ha muerto el vidente, el tejedor de sueños...
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