Vuelvo a sentirme vivo,
eufórico, inspirado,
anhelante, tranquilo,
deseoso de recuperar lo olvidado...
Y es que no esperaba encontrar a mi Dulcinea,
aquella ante la que arrodillarme,
a la que mi alma desnudarle...
pero no eres real, eres quimera,
¡pero me da igual!, me contento con evocarte.
No es su belleza, es su sonrisa
que es de ángel, que da la vida.
No es solo su mirada, es su melena
que cambia del verano a la primavera.
Y apenas sé de ella,
ni siquiera la he visto,
ni su voz he oído,
no se cual es su esencia,
si es azahar o agua fresca
solo se, que es mi Dulcinea...,
a la que únicamente he vislumbrado
en momentos de ensueño
a las puertas del reino de Morfeo,
en esta vida que es para mi un sueño...
Esa idílica dama
por la que volver a sentir en mis venas
que no hay muerte, que tengo alma,
que hace que de mi surjan palabras.
Dirán que es sueño, imaginación...,
así es, pero aquí, en mi habitación
es la razón de mi sinrazón...
a la que compongo estos versos
que ojala captasen su atención...
Prefiero vivir así, en esta locura
que en la realidad y, si he de ser sincero,
por eso creo que los poetas necesitamos a una musa
por la que sintamos que ella es lo primero.
Y daría mi alma
por encontrarla,
por una mirada,
por esbozar una sonrisa
en su faz, por el Divino creada.
Pero eso son locuras,
sueños, ideas vagas
que surgen de las brumas
de la imaginación,
que es la que mueve el alma,
la que nos da la motivación.
Con estos versos
lo único que pretendo
es escribir algo que te guste,
que te haga sentir el centro,
por eso, mi dama, no te preocupes...
Loco soy, escribiendo a una quimera,
¡reíros de mi!, ¡burlaos...!
pero en mi retina aún esta grabado
el rostro de mi Dulcinea.
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