miércoles, 18 de mayo de 2011

Santificado sea Su Nombre

Estoy esperando en mi fría celda a que las campanas comiencen a tocar. Estoy acostado en mi jergón esperando la hora que ha de llegar. El alba, cuando me han de ejecutar.

La amarillenta vela y la luna llena son mis únicas compañeras en esta triste noche en que mis pecados serán perdonados.

Pienso, triste y desfallecido, en aquellos que dejo en este mundo, mi esposa, mis hijos. Ellos son los que más van a sufrir con mi castigo. Ellos, pobres e inocentes que solo tuvieron como culpa tenerme a mi como padre y marido.

Lágrimas corren por mi cara, que triste y duro es llorar porque llega tu muerte, en horas habré dejado de existir, en horas habré fallecido.

Hombres como yo han dictado sentencia, hombres como yo han decidido que muera. ¿Qué poder tienes tu para quitar la vida que Dios nos ha dado? ¡Ningún crimen merece la muerte, ni tan siquiera el peor de los asesinatos!.

¡Oh, Dios! ¡Tu que nos diste la vida, tu que siempre estas con nosotros, ayúdame Padre, no me dejes solo!.

Ante la vela me arrodillo y un Padre Nuestro recito, perdón te suplico Padre, clemencia te pido ser humano, ¿vais a dejar que muera solo por haber robado?.

Las campanas comienzan a doblar, a doblar por aquellos que van a ajusticiar. Llega esa hora del alba en la que el frío te envuelve, y me hace imaginar que es el gélido abrazo de la Dama Negra, el espectral abrazo de la Muerte, que ya se acerca.

Abren mi celda, el sacerdote me confiesa, y al salir le pregunto "Padre, ¿el estará siempre conmigo?", el sacerdote me mira y me responde, "siempre, ve tranquilo".

Atravesando el pasillo oigo los gemidos de aquellos que están conmigo en el presidio, me sonrío, miro al sacerdote y solo le digo "Padre, ¿y porqué permite esto entonces?.¿Porqué permite que ejecuten tal castigo?".

No contesta, me mira y de hombros se encoje. Ya tengo la respuesta, Dios nos dejo aquí, en el vacío. Él no escucha nuestras plegarias, desoye nuestros gemidos. Y aun así creemos en Él, nos consideramos sus hijos.

La muerte me llegó. Y Él no estaba conmigo.

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