Vislumbro en esta noche a esa compañera
a la que siento lejana, y a la vez cerca,
a la que más de una vez he observado,
a la que mis miedos he confesado,
a Selene, la Dama Plateada, la Luna llena...
y observándola entiendo sus ideas,
sus sueños,
sus anhelos...
también necesita sentirse princesa
de este cuento que es la vida...
ama a su compañero, el Sol,
aunque a su lado hay mil estrellas
que conforman una corte digna,
propia de ella,
de la Dama Argéntea.
Nada le apartara de su senda,
aunque a veces noches desaparezca
para pensar, para imaginar,
para renacer, como Luna nueva...
pero esto va dedicado, no a la Luna negra,
si no a aquella capaz de iluminar mi camino
en la oscuridad, a la Luna llena,
mi Sol tras noches de tristezas...
y he soñado con caminar a su lado
sentirme vivo, por su toque agraciado,
pues le debo mi vida, mi sino,
mi cordura, reencontrar esta senda,
fue un empujón más en este renacer como poeta...
Luna que escondes secretos,
gracias por desvelarme mis propios misterios...
Gustoso cedería mi esencia
para transformarme en pegaso,
llevarla en volandas y que cumpliese sus sueños,
¡que no sintiese el calor del Sol solo en el ocaso!,
¡que su caminar nocturno fuese alegría...!
no esta triste y dulce melancolía...
pero ella es inalcanzable,
cercana, y a la vez distante...
¡vendería mi alma condenada
por ser Dios por un instante!,
reescribir el mundo, detener el Sol,
juntar a los amantes...
pero en mi mano solo está escribir
palabras que van en esa senda
la que ilumina la Luna, que guía a este poeta.
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