miércoles, 18 de mayo de 2011

La rosa pisoteada

Está tirada en el suelo, pisoteada por todos aquellos que han pasado sin reparar en ella. Y es algo que nunca entenderé, ¿porque se desprecia la flor que ya no te gusta, que no te llena?¿No es mejor dejarla en algún sitio, al alcance de cualquier otra persona, a la que pueda seguir atrayendo mientras aún exista? Pero es verdad que el ser humano es así, que cuando tiene algo y deja de gustarle lo rompe, lo tira, sin pensar que, en este mundo, hay gente que desearía tener eso que para él ya no es nada.

Y esta rosa aún es bella, aunque esté en el suelo destrozada. Aún posee su aroma, esa esencia que hizo que él se fijase en ella hace tiempo. Me arrodillo a su lado, con cuidado la tomo y recojo todos sus pétalos, su tallo. Intento no dejar nada de ella en el frió pavimento. No se lo merece. Seguro que ha dado más de lo que ha recibido. Merece ser recordada en todo su esplendor, no en esta situación.

Me hubiese podido evitar ese momento en el que fue desechada de esta manera. Pero eso no está en mi mano. A veces desearía tanto ser humano. Cuando rozo su piel renace, se yergue y me mira con esos ojos que son un océano. Los morados, la sangre, el dolor, la humillación,... todo se desvanece. 

Me sonríe y recuerdo porque me alegro tantas veces de ser un ángel. Despliego mis alas y, abrazados, nos elevamos de vuelta a mi hogar, que ahora también será el suyo. Siento como se abraza a mi, como si fuese el único abrazo desinteresado que ha recibido. Huelo su cabello. Miro sus ojos. Sonrió, la tranquilizo con un beso en la frente. Todo saldrá bien Rosa, lejos de ese malnacido.

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